Conmemoran 50 años del golpe en Argentina con tensión entre Milei y organismos de DDHH; Bachelet pierde apoyo de Chile y Cuba niega especulaciones sobre sucesión
Buenos Aires, 25 de marzo de 2026.- Decenas de miles de personas se congregaron este martes en la Plaza de Mayo para conmemorar el 50 aniversario del golpe de Estado de 1976, en un acto marcado por la tensión con el gobierno de Javier Milei, cuyo discurso institucional fue calificado de revisionista por los organismos de derechos humanos. La marcha, realizada dándole la espalda a la Casa Rosada, contó con la presencia de Taty Almeida, de 95 años, junto a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, quienes reiteraron la demanda de justicia por los 30.000 desaparecidos, en un contexto donde el Ejecutivo ha desarticulado políticas de memoria.
La conmemoración en Argentina puso de manifiesto la fractura entre el Estado y la sociedad civil organizada. Mientras el gobierno emitió un mensaje que cuestiona la narrativa histórica tradicional, los manifestantes ocuparon el espacio público para exigir verdad y justicia, evidenciando que las políticas de desmantelamiento de la secretaría de Derechos Humanos no han logrado silenciar la movilización social. La ausencia de una cifra exacta de asistentes no disminuye la relevancia simbólica del evento, que reúne a generaciones enteras en defensa de la memoria colectiva.
En paralelo, la coyuntura geopolítica en América Latina muestra divergencias en la diplomacia multilateral. Michelle Bachelet, quien busca una candidatura para la ONU, ha perdido el respaldo de su propio gobierno en Chile, liderado por la derecha de José Antonio Kast, aunque mantiene el apoyo de México y Brasil. El secretario de Relaciones Exteriores de México, Juan Ramón de la Fuente, ha confirmado la posición de su país a favor de la ex presidenta chilena, en medio de una dispersión de candidaturas latinoamericanas que complica el consenso regional.
Respecto a Cuba, surgieron especulaciones en medios sobre una posible sucesión presidencial y conversaciones con Estados Unidos ante la crisis energética que atraviesa la isla. Sin embargo, el vicecanciller Carlos Fernández de Cossío desmintió categóricamente estas versiones, afirmando que el sistema político y el cargo del presidente Miguel Díaz-Canel no están sujetos a negociación ni forman parte de diálogos con la administración de Donald Trump. El gobierno cubano enfatizó la estabilidad de sus instituciones frente a los rumores de apertura o cambios de liderazgo.
La región sigue atenada por otros focos de tensión, incluyendo la situación en Venezuela, donde Nicolás Maduro y Cilia Flores tienen programada una audiencia judicial para el 26 de marzo, así como la promoción de leyes restrictivas para organizaciones no gubernamentales en varios países. Estos eventos se desarrollan mientras figuras como Marco Rubio y David Rivera mantienen presión sobre los regímenes de izquierda, y líderes como Luiz Inácio Lula da Silva intentan mediar en un escenario fragmentado entre la derecha emergente y las estructuras tradicionales de poder.
La convergencia de estos hechos —la memoria histórica en Argentina, la disputa diplomática por la ONU y la defensa de la soberanía en Cuba— dibuja un panorama complejo para América Latina en 2026. La falta de acuerdos regionales sólidos y la polarización ideológica sugieren que los próximos meses estarán definidos por la confrontación entre proyectos políticos antagónicos, donde la memoria del pasado y la proyección internacional se convierten en campos de batalla fundamentales.







































